Por Hachebé
El proceso de cambio de la industria de los medios de comunicación con la llegada de Internet, en la década de los 90, junto con concretar de manera casi perfecta la idea de aldea global de Marshall Macluhan, desencadenó una transformación en el ejercicio del periodismo, cuyos alcances no son posibles de visualizar.
Atrás quedó el periodismo que surgió para las elites en la vieja Europa, en las grandes ciudades, para pasar a ser parte del diario vivir, incluso con acceso gratuito y en cualquier parte del mundo. Los medios se tecnologizaron y ampliaron sus audiencias significativamente.
Y es ahí donde surgen los principales desafíos para el periodismo, profesión en constante transformación que primero vio caer la supremacía de los medios impresos ante la radio, luego la radio ante la televisión y que aún está bajo la nube de ese temor que anuncia que algún día, todo lo que conocemos por medios, podría desaparecer. El culpable, el desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías, que de paso abre nuevos lenguajes y formas de comunicarse con las audiencias.
En términos de profesión, desde sus orígenes, el periodismo se basó en la simple recopilación de datos y su publicación o emisión. Luego se dio paso a la opinión y a la interpretación, siendo el periodismo de investigación, tal vez uno de los mayores avances, al menos en materia de calidad. Sin embargo, siempre han primado los intereses particulares de los propietarios de los medios -sean privados o del Estado- por sobre cualquier otra consideración. Esta ley escrita con sangre, también podría sufrir ciertas mutaciones.
No obstante, todo parece indicar, que ya sea en un portal Web extenso o en los 140 caracteres de Twitter, el periodista seguirá siendo un contador de historias. Claro está con nuevos desafíos.
Desafíos ligados a la democratización de la información, a la permanente irrupción de nuevas y más sofisticadas tecnologías y la consolidación de las redes sociales como eje del “consumo informativo” de las personas.
Hacia una democratización de la información
Lo primero que se puede visualizar, dice relación con una democratización de la información, tanto en el acceso como en una ampliación de la libertad de opinión y expresión.
Si bien a mediados de los noventa, vimos como los medios simplemente copiaron y pegaron su versión en papel en la Web, tras la conquista de este nuevo espacio -con el paso de los años y desde inicios del siglo XXI- este soporte cibernético ha desarrollado sus propias reglas. Lo anterior, tanto en contenidos, como en usuarios, con una clara tendencia a lo multimedia, lo que además del periodismo propiamente tal, incluye áreas primas hermanas como por ejemplo la publicidad.
El primer gran cambio en tal sentido, dice relación con una mayor individualidad en el consumo de información, dada especialmente por los variados intereses de “clientes” más exigentes e informados. Ello está determinado por una ampliación de la Internet –se habla de más de 1,73 billones de usuarios en el mundo- que va de la mano con el uso común de computadores en todos sus formatos, desde PC hasta celulares.
De ese modo, la información que antes estaba en manos de unos pocos, hoy circula por el mundo de manera abierta e instantánea. Con restricciones más o restricciones menos, es claramente más accesible que hace 10 años.
Incluso aquella información relacionada con la “inteligencia” y “diplomacia” que antes se guardó bajo 4 llaves, hoy en día ha sido revelada con el controvertido Wikileaks, concepto anglosajón, que precisamente, se basa en filtrar información.
Paralelamente, esta democratización ha significado que el otrota cuarto poder de los medios de comunicación, tenga un nuevo contrincante en la batalla, como lo es el propio usuario. Éste, mediante el uso de tecnología personal, puede recopilar información y “subirla” a la red en cuestión de segundos, transformando a todo ser humano conectado, en un potencial periodista.
El desafío aquí es que los medios tradicionales den cabida a esta nueva tendencia, estableciendo una especie de alianza estratégica con ella, utilizando esa información como una fuente que evidentemente debe ser filtrada, pero que puede detectar grandes problemáticas o fenómenos que antes no tenían posibilidad de salir a la luz pública.
Lo erróneo sería hacer vista gorda de esta transformación, lo que a todas luces sería negar el impacto de la democratización de la información. Si bien aún operan ciertos mecanismos de edición en este ámbito, muchos ya aventuran que con en el futuro, cada palabra tendrá el mismo valor sin importar el usuario, lo que hace un paralelo con el valor de un voto cuando de elegir autoridades se trata.
Los desafíos que imponen las nuevas tecnologías
Son precisamente los soportes tecnológicos, los que han dado el puntapié inicial a todas las transformaciones en el ámbito del periodismo.
Los aparatos de radio en los albores del siglo XX, pasaron a ser casi un elemento de sobrevivencia en todos los hogares. Luego los televisores dejaron de ser símbolo de status y hoy en día un computador, es –en la mayoría de los países desarrollados o en vías a serlo- parte del mobiliario básico de una vivienda, una oficina o una sala de clases.
En esa misma línea, el desarrollo de la tecnología, está evidentemente orientada a lo portátil, siendo la telefonía celular multimedia, el principal motor de esa transformación. Y es aquí donde se produce una doble vinculación. Ello por cuanto los contenidos deben necesariamente estar adaptados a lo masivo en cuanto a la cobertura, pero especializados en cuanto a la recepción, por cuanto cada ser humano tiene intereses y motivaciones distintas a la hora de consumir medios, mayormente, si ese contacto con la noticia es en la intimidad de una pantalla más pequeña que la palma de la mano.
Además, se cambia la forma de consumo. Por ejemplo, la “lectura” de las noticias se pueden registrar en cualquier lugar y en cualquier momento, quedando obsoleta la imagen del dueño de casa leyendo el diario del domingo en el sofá “regalón”.
En ese orden de ideas, los contenidos deben estar adaptados a esa tecnología, tomando más fuerza que nunca la noticia dura propiamente tal, con un resurgimiento del nunca bien ponderado lead y la respuesta a las 5 preguntas básicas. Si el usuario necesita más información, se dirigirá a otro soporte tradicional a requerir mayor profundidad.
Estas nuevas tecnologías cumplen la función del lavado de dientes, en el sentido de que para la mayoría de los ciudadanos globales, el estar informado, es una necesidad para enfrentar el mundo y tomar decisiones. Decisiones prácticas como determinar el vestuario del día de acuerdo al clima, o trascendentales como dónde invertir en una transacción bursátil.
Además, de la mano de las bases de datos, la información debe estar destinada a usuarios específicos, que no responden a moldes de consumo generales.
Es decir –por ejemplo- a una persona "X" le interesa lo último en deportes y no perderá el tiempo recibiendo, ni leyendo información económica o referente a las últimas “copuchas” del espectáculo.
Las noticias deben segmentarse de acuerdo a esos intereses, lo que además optimiza la inversión publicitaria al dirigir los mensajes a los tomadores de decisión.
No obstante todo lo anterior, el ejercicio tradicional del periodismo seguirá teniendo cabida en radios, diarios y televisoras. El “fin del mundo” que significó para muchos la irrupción de las punto com a fines del siglo XXI, por sobre la prensa escrita no fue tal, y tal vez no lo será, aunque el papel de paso a los tablet y otros dispositivos portátiles del mismo perfil.
Es la competencia la que probablemente se ampliará, aunque siempre serán los grandes conglomerados de medios mundiales los que tendrán la última palabra fusionando no sólo empresas del mismo rubro, sino que acelerándose la unión de medios de diversa índole. Claro está, teniendo a la Web como soporte.
Ahora bien, es la confiabilidad respecto de determinado medio o periodista, el principal factor de éxito de un medio, un valor que perdurará más allá del “ataque” de los bits. Por lo tanto, un periodismo con buenas fuentes, audaz y con mayor objetividad, seguirá siendo garantía de éxito en la supercarretera de la información.
Un desafío anexo del periodismo en medio de la supremacía de las nuevas tecnologías, será lo relacionado con el nuevo analfabetismo que se produce con aquellos que no tienen acceso a las mismas. Por tanto, se deben mantener formatos tradicionales, especialmente en aquellas áreas más vulnerables.
Periodismo 2.0
Y si hay un área donde se plantean uno de los mayores desafíos para el periodismo, es en el relacionado con el boom de las redes sociales y la internet 2.0.
Aquí, cada usuario construye su propio “diario de vida” y conoce información de sus relaciones más cercanas. Comparten y se reenvían información y a niveles extremos, en cuestión de días son capaces de producir grandes transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales. Para muestra, lo sucedido en con las movilizaciones en Medio Oriente, especialmente en Egipto.
Sea a través de Facebook, que opera más en el ámbito privado o en Twitter, que destaca a nivel masivo, muchas personas han caído literalmente en las redes de la Internet, especialmente a través de estos soportes, por lo que además de lo novedoso, son un reclutador de multitudes en si mismo.
En el caso de Twitter, la empresa del pajarito, ha logrado simplificar la información en 140 caracteres, lo que da cuenta de que, en primer término, lo importante siempre se puede decir en pocas palabras y que, no menos importante, el tiempo de los usuarios es escaso y por lo tanto todo debe entregarse de manera rápida y simple.
Tal vez, este es un llamado de atención para el periodismo del futuro, puesto que a mayor masividad de las redes sociales, mayores serán las audiencias y por tanto, las masas no necesariamente serán lo suficientemente cultas para entender ni leer kilómetros de contenidos en lenguaje simplificado.
Tal vez, este es un llamado de atención para el periodismo del futuro, puesto que a mayor masividad de las redes sociales, mayores serán las audiencias y por tanto, las masas no necesariamente serán lo suficientemente cultas para entender ni leer kilómetros de contenidos en lenguaje simplificado.
Es más. la competencia para los periodistas se amplió, a cualquier persona que esté registrada en una de las grandes redes sociales, que puede provocar un golpe periodístico y que al menos, los reporteros deben considerar –chequeando veracidad y confiabilidad- al menor como una nueva fuente informativa.
Aunque para muchos, hay usuarios que sin haber pasado por una escuela de periodismo, ya son una fuente propiamente tal. El número de seguidores de algunas personas es una prueba de aquello.
Esa tendencia llegó para quedarse y ya llegará el día en que el premio Pulitzer incluya la categoría de mejor twitteo.

